El Cuerpo como Arquetipo Humano
Por:
Nicola Nuti
(Florencia, noviembre 2002)
Traducción: Victoria Moreno
En una época en la cual es siempre
mas difícil mantener los valores líricos a ventaja del incontrastado
sistema de consumo de la imagen, las obras de Olga Sinclair revelan un
ritmo de pensamiento, un gradual sedimentarse de formas y una lenta
maduración de sensaciones. La figura es el personaje principal, pernio de
la imagen, evocadora de atmósferas sensuales, entre la sensualidad de
Rivera y el uso informal de tonos cálidos de tierra y sangre. Sus carnosos
frutos con sus físicos engombrantes de forma y color nos recuerdan la gran
tradición española de la naturaleza muerta, pero paralelamente recalcan la
solidez del cuerpo humano, pintado con el mismo cuidado dado a la
dimensión plástica, convirtiéndose así en un connotado poético,
paráfrasis existencial.
En los años se han dado lecturas sobre la estética y poética sin descuidar
los lados estructurales y técnicos, esas habilidades que dan expresividad
a las imágenes del artista: conocimiento cultivado a través de un duro
trabajo, que con el tiempo se vuelve maestría, lo cual confirma que ningún
crecimiento fluido es dado a través de intuiciones o improvisaciones
momentáneas.
Olga Sinclair nos muestra en un arco que reasume un largo periodo de
intereses figurativos, como en su caminar todo resulte cronológicamente
ligado por forma, venas, y ritmo, los cuales nacen en las fibras
interiores de lo que es "visto" e imaginado, y que se vuelve imagen.
Numerosas las obras de Olga Sinclair en las cuales la compleja afinidad
entre cuerpo y espacio vienen delineados. Un espacio jamás vacío o
estéril, pero mas bien enriquecido de estratificaciones, de la
distribución de páginas casi que a indicar la posibilidad de otras
dimensiones (alguien recordará el "varco" montaliano que permite reunir
memoria y presente).
Cuerpo como arquetipo humano pintado sin complacencia, a menudo en un
diálogo solitario de espacios, como también formado de parejas, grupos, en
busca de una relación, una comunión de salvación. El número de figuras
cambia manteniendo diferentes narraciones: desde la evidente pareja
amorosa, a las tres mujeres unidas en una suerte de danza (Tres Mujeres
Vestidas de Negro,1999), donde en el fondo el espesor matérico es
abandonado para dar sentido a la figura plástica en una composición
estudiada con rigor clásico, hasta el individuo que se da a la
contemplación (El Modelo de Hugo Boss,1999). El lugar donde tales cuerpos
vienen colocados, preparados para la belleza, es siempre solitario. La
artista vive entre sus modelos, se siente, y pinta dejando que los colores
y formas tomen poseso de otras profundidades, no sólo aquellas de una
visión fugaz. Empasto lleno de meditaciones y un esplendor de medios tonos
y colores plenos que covan algo inquietante, escondido entre los pliegues
de la pintura. Los cuadros de Olga Sinclair tienen contornos de formas las
cuales se adhieren a las estratificaciones de colores entre seños de una
pincelada, definiendo gestos que de otra forma serían inefables. De esta
forma todas las garantías de una figura "tout-court" decaen para dar paso
a una dimensión autónoma defendiendo así el valor interior de la visión.
En estos trabajos la forma a vuelto a nacer de la decantación de
experiencias pictóricas asimiladas en área europea y otras, permanenciendo
adheridas a lo moderno y actual, sin ser monótonas, sugiriendo la
frecuente velocidad de la vida contemporánea, el bullicio que atraviesa la
escena.
Las frutas y formas de sus naturalezas muertas buscan un diálogo, se
preparan a un coloquio con el espacio, en composiciones oblicuas, no por
ello menguadas en su presentación. En "Tarde de Invierno, 1999, los
objetos se entrelazan en los planos falseados de la superficie donde los
negros refuerzan los volúmenes y los toques matéricos llevan la luz hasta
el centro de la estructura. Existe una gran libertad de montaje que unido
a un espacio articulado y preciso establece un "continuum" de estilo a
través de los diferentes periodos de la concepción del trabajo. De esta
manera los diferentes montajes formales se combinan, o sea, los diferentes
sujetos a los cuales regresa la artista: torsos, los objetos y las figuras
enteras.
Existe por ende en los trabajos recientes de Olga Sinclair la adquisición
de la figura humana como sujeto principal, como no es menos cierto que tal
consideración de la figura acaece a través de solicitaciones externas, o
sea, a través de las tensiones informales que la artista percibe como
calidades dinámicas y emotivas de la forma y materia, el enriquecimiento
fundamental de la página acaece, y se nos presenta no sólo en sentido
narrativo pero profundamente significativo, es decir, forma-significado.
Podriamos aquí reasumir el estrecho valor que el núcleo activo de Olga
Sinclair nos propone: su crear por fragmentos, fuertes y subsiguientes
ondadas, la forma que renuncia al cuerpo luminoso para volverse masa
plástica (Personaje VII, 1999, Danza Nocturna, 1999), las cuales se
presentan siempre con mas intesidad ante la presión del color y la luz,
volviéndose densas en masas cromáticas.
El resultado de su trabajo entonces, pone en causa ciertas formales
establecidas, y sobre todo las tendencias culturales entre diferentes
mundos: Suramérica y Europa logrando fundir la coherencia linear del
Occidente Europeo y la misteriosa, mágica poética suramericana en un
conjunto orgánico de alto relieve expresivo.