La Torsión del Color
Por: Marta
Casati
Italia, 11 de Enero 2003
Traducción
por Vittoria Moreno
Cuerpos pesantes de
colores chillones y vivaces, naturalezas muertas singulares por su
composición y expresión. Las telas expuestas sobre las paredes, parecen no
querer perder tiempo y enseguida nos impresionan casi manifestándose en un
movimiento sincrónico. Este sentido de elegancia y refinada originalidad
es cuanto he percibido también, al momento del encuentro con la misma Olga
Sinclair en ocasión de la inauguración de su muestra personal en el
estudio de arte, Aurelio Stefanini, el sábado 23 de noviembre.
Cuadros de una
dimensión predominantemente grandes, en los cuales el equilibrio espacial
se presenta firme y organizado sobre una serie compuesta de planos. La
artista misma, después de haberle preguntado en que tipo de espacio
prefería pintar, me dice que privilegia telas de dimensiones grandes. En
esta manera las imágenes se tienen entre si, coordinadas al unísono como
si estuvieran danzando. Naturalezas muertas de gran solidez compositiva,
cuerpos de físico estatuario, pero siempre y como sea lejanos de cualquier
inmóvil estaticidad. Las paredes, gracias a los cuadros de Sinclair,
transmiten un sentido vivo de animación, como los que vemos organizados
en numerosas muestras de Museos, Institutos, Fundaciones, en sus diversas
tonalidades.
Las figuras de
Sinclair, aunque, si todas, de colores encendidos y vibrantes, se
presentan con estilo y clase. Rosados, violetas, verdes, púrpuras,
naranjados, amarillos, tonos calidos y con corposidad, que en su mezclarse
conceden espacio a pinceladas de blanco; como si la tela sufriera una
descarga eléctrica: donde el fondo del color es mas amplio y se alarga,
entonces el pincel crea vibraciones y dinamismo. La artista alterna zonas
mas chatas con pinceladas compuestas, con las cuales la tela se enriquece
de sustancia matérica. La figura parece estar viva, dotada de capacidad
notoria. Los rostros son pintados casi en su voltearse, en su torcerse.
Los protagonistas y los sujetos que componen las naturalezas muertas
parecen casi preguntarnos si sea justo definirlos como tales. Sinclair ha
hecho de la plasticidad de las formas la componente primaria del propio
trabajo, haciéndolas ( o rindiéndolas) puras y refinadas.
En el catalogo Nicola
Nuti, critico y curador de la muestra escribe: ‘Los cuadros de Olga
Sinclair contienen formas y trazas de color entre las marcaduras del seño
definiendo gestos que de otra forma serian inefables. En tal modo se
abandonan las garantías de la figura tout-court por la elaboración de una
dimensión autónoma que defiende el valor interior de la visión’.—El drama
de los personajes emerge a través de la tensión del color, fijado en una
disposición pictórica libre pero segura. La artista ha logrado hacer
hablar sus figuras, a retraerlas en su propia soledad, casi al limite de
un momento de desesperación. Los colores vivaces, casi paradójicamente se
revelan como dioses en estado de aislamiento.